Es fácil suponer que el tóner se adhiere mágicamente a la página. No es así. El proceso es una danza caótica de electricidad estática, calor y fricción que ocurre en una fracción de segundo.
El viaje comienza en la tolva de tóner. Piense en ello como un pequeño depósito integrado en una carcasa extraíble. La impresora no mete la mano con una pala. Utiliza la unidad de desarrollo. Esta unidad no es un cepillo ni una cuchilla. Es una colección de pequeñas cuentas magnéticas cargadas negativamente. Se asientan sobre un rodillo metálico giratorio que agita el polvo.
Debido a que las perlas están cargadas negativamente, atraen las partículas de tóner cargadas positivamente a medida que pasan a través de la tolva. Luego, el rodillo mueve estas cuentas más allá del conjunto del tambor. Aquí es donde entra en juego la imagen electrostática. El tambor lleva una carga negativa. Es más fuerte que la carga de las perlas de revelador. Entonces, el tambor extrae las partículas de tóner de las perlas y las deposita en su superficie.
A continuación, el tambor rueda sobre el papel. El papel tiene una carga aún más fuerte que el tambor. Tira el tóner del rodillo y lo deposita sobre sí mismo.
Pero aquí está el problema. En esta etapa, el tóner no está atascado. Apenas aguanta. La gravedad es lo único que evita que la imagen se deslice. Si soplaras la página ahora mismo, la imagen desaparecería. Es polvo suelto.
La página debe pasar a través del fusor para fijar el tóner. Sin este paso, la imagen es, en el mejor de los casos, temporal.
El papel pasa al fusor. Aquí es donde ocurre la magia. Los rodillos del fusor se calientan mediante lámparas de tubo de cuarzo internas. El calor es intenso. A medida que pasa el papel, el plástico del tóner se derrite. Se fusiona con las fibras del papel.
Pero, ¿qué impide que el tóner se derrita en los rodillos del fusor? Eso sería un desastre. Los rodillos del fusor están recubiertos con Teflón. Ya conoces el material. Es el mismo material antiadherente que tienes en tu sartén. Garantiza que el tóner derretido se adhiera al papel y no a la máquina.
Entonces, la próxima vez que escuche ese zumbido, recuerde que las perlas magnéticas, la carga estática y el revestimiento antiadherente trabajan al unísono. El tóner no sólo se imprime. Está fusionado.





























