Vampire: The Masquerade – Bloodlines 2 intenta revivir un clásico de culto, pero está muy lejos de su predecesor y de los estándares de los juegos de rol modernos. Lanzado el 21 de octubre para consolas PC, PS5 y Xbox Series a un precio de 60 dólares, el juego ofrece una experiencia superficial a pesar de su premisa intrigante.
Defectos de premisa y juego
El juego presenta a los jugadores como Phyre, un antiguo vampiro que despierta después de un siglo de letargo. La narración comienza con un giro brutal que recuerda a Cyberpunk 2077 : Phyre mata violentamente a Fabien, un detective vampiro, cuyo espíritu luego es absorbido por su mente. Juntos, investigan una conspiración centenaria que involucra a un vampiro asesino en serie. Sin embargo, esta configuración parece más bien un eco vacío de títulos mejor ejecutados.
La mecánica de los juegos de rol y de detectives está muy poco desarrollada. A pesar del potencial para juegos de rol profundos y resolución de crímenes intrincados, el juego apenas cumple en ninguno de los frentes. El sistema “Mascarada”, donde los vampiros deben evitar ser detectados por los humanos, es el único elemento consistentemente atractivo. La violación de las reglas del secreto llama la atención de los ejecutores que eliminarán al jugador sin previo aviso.
Progresión y combate de personajes limitados
La progresión del personaje es mínima. Los jugadores eligen un clan (Brujah, Tremere, Banu Haqim, Ventrue, Toreador) que dicta el estilo de juego básico, pero el sistema carece de profundidad. Si bien Phyre puede aprender habilidades de otros clanes, la brecha de poder sigue siendo insignificante. El combate es igualmente mediocre: el juego ofrece opciones limitadas más allá de los ataques cuerpo a cuerpo básicos y un puñado de habilidades sobrenaturales como hipnosis o manipulación del tiempo. Los enemigos consisten en gran parte en “Ghouls” débiles, y los oponentes más duros aparecen al final del juego.
El lado detectivesco: una oportunidad perdida
Los segmentos de detectives se basan en los recuerdos de Fabien, a los que se accede durante las secuencias de sueño. Estas secciones implican tediosos retrocesos, agotadores árboles de diálogo sin consecuencias reales y resolución de misterios que se desarrollan independientemente de las elecciones del jugador. La narrativa vincula el pasado de Fabien con la conspiración presente, pero la ejecución parece repetitiva y poco atractiva.
Problemas técnicos y presentación insípida
El juego adolece de animaciones deficientes, lo que hace que los personajes se sientan sin vida. El escenario de Seattle, inspirado en el cyberpunk, carece de dinamismo, y los NPC repiten las mismas interacciones superficiales. El juego también falló varias veces durante las pruebas en PS5, lo que agravó la decepcionante experiencia general.
Bloodlines 2 es una oportunidad perdida. No logra capturar el estilo gótico y la jugabilidad desafiante que definieron a su predecesor, y ofrece en cambio una experiencia repetitiva y aburrida. Los jugadores que busquen un juego de rol de vampiros de calidad deberían buscar en otro lado, como Baldur’s Gate 3 y su personaje Astarion.

































