La IA no logra resolver un misterio de 800 años de antigüedad: por qué el conocimiento humano sigue siendo importante

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El Baptisterio de San Giovanni en Florencia, Italia, es una maravilla arquitectónica anterior al Renacimiento. Durante siglos, los historiadores han debatido sobre sus orígenes: ¿quién lo construyó, cuándo y por qué? Investigaciones recientes sugieren una respuesta sorprendente: el baptisterio no fue un proyecto local florentino, sino un esfuerzo de colaboración liderado por el Papa Gregorio VII a partir de 1073. Este descubrimiento plantea una pregunta clave en la era de la inteligencia artificial: ¿puede la IA replicar el tipo de avance que los humanos logran a través de un pensamiento profundo y poco convencional?

El experimento: IA versus misterio histórico

Para probar esto, el autor puso a tres chatbots de inteligencia artificial líderes (ChatGPT, Claude y Gemini) a trabajar en el mismo misterio. El objetivo era ver si estos modelos podían analizar textos históricos de forma independiente y llegar a las mismas conclusiones. El resultado fue un fracaso. A pesar de su capacidad para procesar grandes cantidades de datos, la IA no pudo sintetizar una solución novedosa. Pasaron por alto pistas cruciales, ignoraron perspectivas poco ortodoxas e incluso alucinaron con pruebas falsas.

Por qué la IA tiene dificultades para lograr avances

El problema no es la falta de información; así es como lo procesa la IA. Los grandes modelos de lenguaje destacan en el reconocimiento de patrones, pero luchan con el tipo de pensamiento excéntrico o contrario que a menudo conduce al descubrimiento. El autor señala cómo la IA pasó por alto una teoría marginal propuesta por Guido Tigler (que el baptisterio se construyó más tarde de lo que generalmente se creía), a pesar de que obligó a reevaluar los supuestos existentes.

La importancia del escepticismo y los datos atípicos

Los investigadores humanos se basan en el pensamiento crítico y el escepticismo. Por ejemplo, AI no logró señalar la suposición de que el Papa Nicolás II consagró el baptisterio en 1059, a pesar de la falta de pruebas que lo respalden. Un punto clave es que los eruditos habían asumido que los florentinos eran los patrocinadores, porque eso es lo que solía suceder. Pero el autor, a través de la lectura, se preguntó si la Florencia del siglo XI era lo suficientemente rica como para producir un edificio tan sofisticado. La IA carecía de esta capacidad para desafiar supuestos fundamentales.

Sin la voluntad de explorar datos atípicos y considerar ideas no convencionales, la IA no puede contribuir realmente a nuestra comprensión del pasado.

Los límites del reconocimiento de patrones

En última instancia, el experimento demuestra que la intuición humana y el pensamiento crítico siguen siendo esenciales para ampliar los límites del conocimiento. Si bien la IA puede ayudar en la investigación, no puede reemplazar la capacidad de identificar anomalías, desafiar narrativas establecidas y reconocer cuándo los patrones son engañosos. La mente humana sigue siendo más adepta al confuso e impredecible proceso del descubrimiento histórico.

El hecho de que la IA no haya logrado resolver este misterio no es un problema técnico: es una limitación fundamental. La clave es que el verdadero descubrimiento no proviene simplemente del procesamiento de datos. Requiere la voluntad de mirar más allá de lo obvio, cuestionar las suposiciones y aceptar la incómoda posibilidad de que todo lo que creemos saber pueda estar equivocado.