El costo sorprendentemente bajo de acabar con la pobreza extrema

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La pobreza extrema mundial podría erradicarse con solo 318 mil millones de dólares al año, menos del 0,3% del PIB mundial. Una nueva investigación que utiliza análisis avanzados de inteligencia artificial revela que las transferencias directas de efectivo podrían sacar a cientos de millones de personas de una pobreza que amenaza sus vidas, garantizando el acceso a necesidades básicas como alimentos, vivienda y medicinas.

La paradoja de la asequibilidad

Durante décadas, la idea de eliminar la pobreza extrema ha sido descartada por ser demasiado costosa o poco realista. Sin embargo, el informe cuestiona esta noción y demuestra que la barrera financiera es sorprendentemente baja. De hecho, solo los estadounidenses gastan más de tres veces esta cantidad anualmente en compras navideñas, mientras que un solo individuo como Elon Musk podría cubrir el costo total durante un año con una fracción de su patrimonio neto.

Los autores del estudio sugieren que si todos los que consumen alcohol en todo el mundo se abstuvieran solo un día a la semana, los ahorros resultantes serían suficientes para acabar con la pobreza extrema. O, para ponerlo en perspectiva, la población mundial podría contribuir menos que el costo anual promedio de una suscripción a Netflix para erradicar esta crisis.

Por qué es importante esta estimación

Los intentos anteriores de cuantificar el costo de poner fin a la pobreza extrema a menudo se basaban en modelos teóricos que calculaban la cantidad precisa necesaria para llevar a cada persona empobrecida justo por encima del umbral de pobreza. Si bien estos métodos arrojaron cifras más bajas (alrededor de 30 mil millones de dólares por año), no fueron prácticos debido a la falta de datos granulares del mundo real.

La nueva investigación se diferencia al aprovechar los datos existentes de los gobiernos nacionales de los países en desarrollo, combinados con análisis impulsados ​​por la IA. Este enfoque arroja una estimación más realista y viable: 318 mil millones de dólares al año para reducir la pobreza extrema (definida como vivir con menos de $2,15 por día) a menos del 1% de la población mundial.

El verdadero obstáculo: la voluntad política

La barrera más importante no es financiera; es institucional y político. A pesar de la asequibilidad, las naciones ricas restan prioridad cada vez más a los programas eficaces contra la pobreza. Esta vacilación es especialmente preocupante dada la reciente desaceleración del crecimiento económico en el África subsahariana –donde se concentra gran parte de la pobreza extrema restante– y el continuo crecimiento demográfico en estas regiones.

El mundo ya ha logrado enormes avances, reduciendo la pobreza extrema de más del 40% en 1990 a alrededor del 10% en la actualidad. Sin embargo, este impulso puede estancarse si los recursos no se destinan a este impulso final y alcanzable.

Poner fin a la pobreza extrema no es prohibitivamente costoso, sino más bien una cuestión de priorización. El precio es pequeño, pero las consecuencias de la inacción son graves.

La meta está a la vista y puede que sea el bien global más asequible que podamos lograr.