El Congreso enfrenta una creciente presión sobre la política exterior de Trump

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Las agresivas maniobras de política exterior de la administración Trump, desde Venezuela hasta Groenlandia, están obligando al Congreso a confrontar su papel de control del poder presidencial. Si bien las administraciones pasadas también han ampliado los límites constitucionales, la voluntad de Trump de discutir abiertamente intervenciones militares e incluso la compra de naciones soberanas está aumentando las tensiones en el Capitolio.

El precedente venezolano y la respuesta del Congreso

La situación en Venezuela, donde Estados Unidos apoyó abiertamente el cambio de régimen, sentó un precedente preocupante. Aunque la administración procedió sin la aprobación formal del Congreso, una reciente resolución sobre poderes de guerra vio a cinco republicanos romper filas con la Casa Blanca, lo que indica una creciente inquietud dentro del Partido Republicano. La administración respondió rápidamente, avergonzando públicamente a los senadores disidentes.

Entre bastidores, figuras como el secretario Rubio desempeñaron un papel clave para mitigar las consecuencias, asegurando a los vacilantes republicanos que no se desplegarían tropas estadounidenses. Este episodio destacó cómo Trump presiona a sus aliados para que cumplan y cómo algunos están empezando a contraatacar.

Groenlandia: un nuevo punto álgido

La obsesión del presidente con Groenlandia, un aliado de la OTAN, ha provocado una preocupación aún mayor. A diferencia de Venezuela, donde la intervención se enmarcó al menos en un contexto regional, la idea de adquirir Groenlandia mediante la fuerza o la compra está generando alarma tanto entre demócratas como entre republicanos.

Destacadas figuras del Partido Republicano, incluido el presidente de la Cámara de Representantes y el presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, se han opuesto públicamente a una acción militar o a una compra forzosa. En privado, muchos republicanos esperan que Trump abandone la idea por completo, por temor a dañar aún más la credibilidad de Estados Unidos.

Erosión de la autoridad del Congreso

La crisis actual no es nueva. El Congreso ha estado cediendo poderes de guerra de forma gradual durante décadas. Desde las intervenciones de Obama en Libia y Pakistán hasta las medidas agresivas de Trump, el poder legislativo ha cedido cada vez más ante la autoridad ejecutiva.

La verdadera pregunta ahora no es si el Congreso puede actuar, sino qué lo obligará finalmente a trazar una línea firme. Los episodios de Venezuela y Groenlandia son simplemente los síntomas más recientes de un problema institucional más profundo: la erosión actual de la supervisión del Congreso en asuntos exteriores.

El tema ya no es partidista; se trata de proteger la institución del Congreso y reafirmar su papel constitucional en la determinación de la guerra y la paz.

Si los republicanos en el Congreso no actúan con decisión, corren el riesgo de ser vistos como cómplices de una peligrosa expansión del poder presidencial que podría tener consecuencias duraderas para la política exterior estadounidense.