El futuro de la velocidad de Internet y la conectividad inalámbrica

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Internet sólo existe desde hace unas pocas décadas, pero ya ha pasado de ser un conjunto disperso de redes independientes a convertirse en una potencia mundial. Es la columna vertebral de los negocios, la comunicación, el entretenimiento y la educación. Accedemos a esta enorme infraestructura a través de docenas de dispositivos diferentes todos los días.

Entonces, ¿qué pasa después? Cuando puedes consultar trivialidades minuciosas sobre el tema más oscuro con un par de toques en la pantalla de un teléfono inteligente, ¿a dónde más puede ir la tecnología? La respuesta no está del todo clara. Las posibilidades son simplemente emocionantes.

Una cosa que parece segura es que las velocidades de transmisión de datos globales seguirán aumentando. Según Akamai Technologies, que publica un informe trimestral sobre el estado de Internet, la velocidad media global de transmisión de datos a finales de 2009 era de 1,7 megabits por segundo. Compare eso con el récord de velocidad de transmisión de datos establecido por Bell Labs: 100 petabits por segundo. Esto equivale a 100 mil millones de megabits por segundo. A esa velocidad, se podrían transmitir 400 DVD de datos por segundo.

“A esa velocidad, se podrían transmitir 400 DVD de datos por segundo”.

Se trata de una brecha enorme entre lo que es posible actualmente y lo que está disponible comercialmente. Pero a medida que pase el tiempo, los costos de producción de redes de ultra alta velocidad disminuirán. Con el tiempo, el consumidor medio podrá descargar una película de alta definición en un segundo o jugar videojuegos basados ​​en la nube sin ningún retraso.

Incluso cuando las conexiones por cable alcanzan velocidades sin precedentes, la tecnología inalámbrica continúa evolucionando. Tecnologías como LTE y WiMAX nos brindan la posibilidad de acceder a Internet de forma inalámbrica a velocidades comparables a las conexiones de banda ancha. También abre las puertas para que dispositivos portátiles como teléfonos inteligentes, computadoras portátiles y tabletas se conecten a Internet sin necesidad de cables.

Creemos que Internet será más rápido y más omnipresente. ¿Qué más podría deparar el futuro?

Neutralidad de la red y plataformas propietarias

El efecto del jardín amurallado

La lucha por la neutralidad de la red no se trata sólo de etiquetas de velocidad en un proyecto de ley. Se trata de quién decide lo que ves. Los opositores argumentan que los proveedores de servicios de Internet deberían tener derecho a gestionar sus redes como mejor les parezca. Por lo general, eso significa vender carriles prioritarios al mejor postor.

Considere un escenario en el que se suscribe al ISP A. Ellos llegan a un acuerdo con el sitio web X. Su conexión a X es rápida. Liso. Sin fricción. El sitio web Y, un competidor directo, se ve estrangulado. El tráfico hacia Y se ralentiza o tal vez se bloquea por completo. A los usuarios no les importa la política. Les importa la latencia. Hacen clic en X porque se carga. Y pasa hambre.

Esto no es hipotético. Ya estamos viendo fragmentos de este mundo. En mercados con competencia limitada de ISP, no tiene otra alternativa. Si su única opción es pagar por un acceso que favorezca a socios específicos, su realidad digital está curada por motivos de lucro, no por estándares abiertos. El espíritu de la web abierta muere cuando el acceso está restringido por acuerdos corporativos.

Fragmentación de la plataforma

La amenaza no proviene sólo de los ISP. Proviene de los propios dispositivos. Las consolas de videojuegos, los televisores inteligentes y los sistemas operativos móviles se están convirtiendo en jardines amurallados. Los desarrolladores se sienten atraídos por estas plataformas debido a su base de usuarios, pero el costo es alto. Cada dispositivo tiene sus propias reglas, sus propios procesos de aprobación y su propio ecosistema.

Cuando los desarrolladores eligen una plataforma en lugar de otra, Internet se fractura. No tienes una experiencia unificada. Tienes una experiencia específica del dispositivo. Si juegas en la Consola A, verás un conjunto de aplicaciones y contenido. Los usuarios de la Consola B ven algo diferente. Internet ya no es una plaza pública común. Es una serie de clubes privados, cada uno con su propio portero y lista de invitados.

Esta fragmentación da forma a nuestra forma de pensar. Si su experiencia en línea se filtra a través de una lente patentada, su perspectiva es limitada. Las conversaciones sobre Internet en general se vuelven difíciles. Todos miran una pantalla diferente. La tendencia es clara: más sistemas bloqueados, más contenido curado y menos apertura caótica y desordenada que definió la web inicial.

Cómo Internet cambia la inteligencia humana

La estructura de la web influye en nuestra forma de pensar. Cuando la información está guardada, nuestra curiosidad se ve limitada. Cuando los resultados de búsqueda están sesgados por acuerdos corporativos, nuestra comprensión de la realidad está sesgada. Nos estamos adaptando a una Internet que es menos una biblioteca y más una visita guiada.

Internet no es sólo una herramienta. Es un ambiente. Y los entornos moldean el comportamiento.

Esto plantea una pregunta crítica: si nuestro acceso a la información está mediado por plataformas que priorizan el compromiso sobre la verdad, o las ganancias sobre la apertura, ¿cómo altera eso nuestros hábitos cognitivos? Estamos subcontratando la memoria a los servidores, la atención a los algoritmos y el juicio a los curadores.

El resultado a largo plazo podría favorecer las plataformas abiertas. La historia sugiere que la apertura suele ganar al final. Pero durante la próxima década, es probable que dominen los sistemas cerrados. Ofrecen comodidad. Ofrecen integración. Ofrecen una experiencia controlada. La red abierta permanece, pero cada vez más se siente como un parque público al lado de una mansión privada.

Nos quedamos con un panorama digital que es más rápido, más eficiente y significativamente más controlado. La pregunta no es sólo sobre quién es el propietario de las tuberías. Se trata de quién es el dueño de nuestra atención. Y ahora mismo, las ofertas están aumentando.

El costo cognitivo de la información instantánea

El ensayo de Nicholas Carr de 2008, “¿Google nos está volviendo estúpidos?”**, desató un debate que aún no se ha resuelto del todo. Carr argumentó que su creciente dependencia de la web tanto para el trabajo como para el ocio provocó que su propia concentración se atrofiara. Su teoría tenía sus raíces en la propia mecánica de la navegación. No lees la web de forma lineal. Saltas. Los hipervínculos te llevan de un tema a otro, fragmentando la atención en una serie de superficiales en lugar de pensamientos profundos y sostenidos.

La pregunta central sigue siendo relevante hoy en día: ¿la navegación por Internet afecta la cognición humana?

Tenemos acceso a una biblioteca digital que eclipsa cualquier colección física en la historia. ¿Quieres entender el Big Bang? ¿Necesita saber el tiempo óptimo de subida de la masa madre? Las respuestas están a milisegundos de distancia. Pero la conveniencia conlleva una compensación. El hecho de que podamos descargar memoria a los servidores no significa que conservemos el conocimiento. Significa que hemos cambiado la forma en que lo almacenamos. Ya no memorizamos hechos; Memorizamos ubicaciones.

Consenso de expertos sobre inteligencia digital

El alarmismo de Carr no afectó a todos. Cuando el Pew Research Center encuestó a expertos y analistas de la industria para su informe de 2010 sobre el futuro de Internet, la mayoría rechazó la idea de que la conectividad digital embota la mente.

El 81 por ciento de los encuestados no estuvo de acuerdo con la hipótesis de Carr.

La distinción aquí es sutil pero crítica. El acceso a la información no es inteligencia. Saber buscar un hecho es una habilidad. Comprender el contexto, las implicaciones y los matices de ese hecho es inteligencia. La web es una poderosa herramienta para el aprendizaje, pero no puede reemplazar el trabajo cognitivo del aprendizaje en sí.

Conectividad versus comprensión

Los optimistas sostienen que el principal beneficio de Internet es la expansión cultural. Al conectar regiones segregadas y culturas aisladas, la web crea puntos en común. En teoría, este intercambio intercultural podría fomentar la paz y la cooperación a escala global.

Pero este es un juego largo. Borrar las fronteras tradicionales entre naciones lleva décadas. La tecnología ya está aquí, pero la voluntad humana de salvar esas divisiones tarda más en evolucionar. Los cínicos señalan que una herramienta útil no supera automáticamente obstáculos políticos y sociales profundamente arraigados.

De cara al futuro, es probable que Internet se vuelva más inmersivo e interactivo. La inteligencia artificial ya está remodelando la forma en que interactuamos con el contenido, alejándonos del texto estático hacia experiencias dinámicas y personalizadas. Sigue siendo una cuestión abierta si esto mejora o erosiona nuestras habilidades de pensamiento crítico.

“Internet es una herramienta que podemos utilizar para ayudarnos a aprender; no reemplaza el aprendizaje en sí”.

Estamos construyendo un mundo donde el conocimiento es omnipresente. El desafío no es acceder a él. Es decidir qué hacer con él una vez que esté frente a nosotros.