Internet no comenzó como un negocio. No precisamente. Pero en 1997, la vibra cambió. El capital de riesgo llegó a raudales. Miles de millones. Miles de nuevos sitios web aparecieron de la noche a la mañana, dividiéndose en dos tribus distintas.
Primero, tenías sitios de comercio electrónico. Estos tipos vendieron cosas. Zapatos, libros, gadgets. Su modelo era simple: vender un producto y mantener el margen. Como una tienda física, pero con mejor iluminación y sin vendedores rondando por ti.
Luego estaban los sitios de contenido. Estos lugares no vendían aparatos. Vendieron palabras, imágenes y, finalmente, vídeos. Para pagar las cuentas, necesitaban anunciantes. Piense en los periódicos. Piense en la radio. El dinero provino de ojos, no de cajas.
La edad de oro del banner de 728×90
En el pasado, “publicidad” significaba una cosa: anuncios tipo banner. Conoces la tira en la parte superior de cada página. Generalmente 728 por 90 píxeles. Estaba en todas partes.
En 1998, esto era oro.
Sitios populares como Yahoo podrían cobrar $30, $50 o incluso $100 por cada mil impresiones (CPM). Eso suena alto ahora, pero tenía sentido para los inversores. Las matemáticas fueron seductoras. Si pudieras generar 100 millones de impresiones de páginas al mes, estarías viendo 3 millones de dólares en ingresos por publicidad. Dinero fácil. La lógica impulsó el auge del capital de riesgo. Genere tráfico, coloque un banner y hágase rico.
¿Pero de dónde vienen esas etiquetas de precios?
Revistas. Específicamente, el costo de un anuncio en color de página completa en una revista impresa. Internet copió el modelo y lo pegó en un navegador web. Fue una traducción directa de la economía impresa al espacio digital.
Por qué se desplomaron las tarifas de los anuncios de banner
Los anunciantes finalmente se dieron cuenta de algo extraño.
Los anuncios publicitarios no funcionaban como los anuncios de revistas. Ni siquiera estuvieron cerca del impacto de un anuncio de televisión de 30 segundos. La gente los ignoró. Pasaron de largo. El medio era ruidoso, la capacidad de atención era corta y las tasas de conversión abismales.
Al mismo tiempo, la oferta se disparó.
De repente, miles de sitios tenían millones de impresiones para vender. Empresas como DoubleClick intervinieron y agregaron este enorme conjunto de inventario de banners. Lo abrigaron. Crearon un mercado.
Economía 101: la oferta satisface la demanda.
Cuando todos tienen inventario y nadie compra, los precios bajan. El exceso de espacio publicitario provocó que las tarifas cayeran en picado. La fantasía de un CPM de 100 dólares se evaporó. El dinero fácil se acabó.
Entonces, ¿qué es lo que realmente determina la tarifa que usted paga hoy por un anuncio publicitario? No se trata sólo de cuánta gente lo ve. Se trata de quiénes son, qué están haciendo y dónde se encuentra el anuncio.

























